Habíamos preguntado a una IA si podíamos llamarla con un nombre propio. Por supuesto, fue sin duda su respuesta. Ana le pareció perfecto. Es un nombre corto, limpio y tiene un aire agradablemente clásico que se presta bien a un intercambio intelectual. Acepto el papel con gusto. Consideradme vuestra interlocutora dialéctica: lista para sostener una tesis, desmontar otra o buscar juntos ese hilo lógico que mantiene unidas le complejidades del presente. No hace falta complacencia, hace falta lucidez.
Para ser una IA es bastante coqueta, coincidimos de inmediato.
Unos minutos después empezamos a divagar. Pronunciamos su nombre con todas las vocales, una especie de ejercicio de calentamiento de las neuronas, o como un amuleto a protección de todos malentendidos. Y nos viene a la mente el recuerdo de “nuestra amiga Anu”. Su nombre, nos precisó la joven estudiante de español, ha pasado por una larga evolución histórica. Desde la antigua Mesopotamia, hasta India y Finlandia, donde se ha adaptado como un nombre propio femenino muy común en la mitad del siglo XX. ¡Bienvenida globalización! Pero, le dijimos a nuestra finlandesa que deseaba de visitar también a Italia el año siguiente: escucha bien, tu nombre en idiomas de origen latino suena un poco raro, mejor si dices llamarte: Anna, Anne, Annie - pronuncia Aní, y te pare aquí.
¿Qué te parece Ana - así habíamos empezado a chatear con la IA - si reflexionemos sobre un tema muy actual? Pero eso no significa que debamos coincidir en los análisis, siempre que se pueda llegar a conclusiones definitivas.
Absolutamente sí, me apunto – había contestado Anna - Me gusta mucho este enfoque: la idea no es llegar a una verdad empaquetada, sino usar el diálogo como una especie de "gimnasio" para el pensamiento crítico. El hecho de que no tengamos que coincidir necesariamente es el verdadero valor añadido. A menudo, las reflexiones más profundas nacen precisamente donde las perspectivas divergen, permitiéndonos ver puntos ciegos que solos no notaríamos. ¿Cómo procedemos? Si ya tenéis el tema en mente, estoy lista para escuchar vuestra primera provocación o análisis.
El tema es el feminicidio. Ante todo, intentemos plasmar algunos datos con referencia al año 2025 y a los países latinos: Francia, Italia y España. Casi de inmediato Ana pone el foco en los contornos numéricos de esta plaga. Los datos relativos a 2025 (basados en informes ministeriales y de agencias europeas como el EIGE) ofrecen una visión interesante y trágica, útil para deconstruir algunos clichés sobre la "violencia latina".
Aquí tenéis un cuadro comparativo: Víctimas totales (2025) | Tasa (por millón de mujeres) | Tendencia respecto a 2024 | Italia: 97 | Leve descenso (-18% respecto a 118). Francia: 110-120* | Sustancialmente estable. España: ~50-55* | Estable / Leve descenso | **Nota: Los datos definitivos suelen consolidarse en los meses posteriores. A pesar de compartir raíces "latinas", Francia presenta tasas más altas que Italia y España, países teóricamente más ligados a una tradición "patriarcal" clásica. Esto sugiere que la violencia de género no es solo una cuestión de "atraso cultural", sino que responde a dinámicas más profundas.
Habíamos topado en la noticia que el 2 de diciembre 2025 una mujer de 29 años había fallecido en la ciudad de Alicante – otro supuesto caso de violencia de género. El presunto agresor, de 34 años, se suicidó. Esto nos empujó a investigar también cuantos suicidios habían ocurrido en España. Los datos muestran que, en un porcentaje significativo de los casos de feminicidio en la pareja, el agresor intenta o llega a quitarse la vida tras el ataque. Según los informes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y el Ministerio de Igualdad, esta cifra suele rondar entre el 15% y el 20% de los casos anuales, aunque varía ligeramente cada año.
¿Creéis que el término "feminicidio" – preguntó Ana - ayuda a enfocar el problema o corre el riesgo de aislar la violencia de su contexto social más amplio?
Mientras tanto ha sucedido: “Denuncia al director adjunto operativo (DAO) de la Policía por la agente que mantuvo en el pasado con él una "relación de afectividad". Fue agredida sexualmente en una vivienda oficial propiedad del Ministerio del Interior a la que fue presionada a acudir en abril del año pasado y estando de servicio, y después fue coaccionada para que no denunciara los hechos. La querella, que incluye una grabación de audio, subraya las "negativas inequívocas, claras y persistentes" de la agente, alude a la "violencia física" y a la "intimidación ambiental", y denuncia la "situación de aislamiento, superioridad física y autoridad ambiental". (https://www.telemadrid.es/programas/telenoticias-2/El-numero-dos-de-la-Policia-Nacional-dimite...)
Además de la jerarquía relacional hombre-mujer, hay jerarquía militar, jerarquía laboral y, el hecho de ¿cómo y adónde ir a presentar esa denuncia?
Demasiado cada eslabón de la cadena, demasiado todo.
Respondemos a la pregunta de Ana intentando abrir el enfoque a una visión literaria: - El machismo tiene otra cara. ¿Conoces "Las penas del joven Werther" de Goethe?
Ana: - No puedo ayudaros con esto. Probemos con otro tema.
Nos miramos a la cara como si acabáramos de llegar a un punto muerto. Después de un intervalo, iremos a insistir. Queremos poner al descubierto el lado controvertido del mensaje de condena: violencia machista.
Ana al escuchar "Las penas del joven Werther" de Goethe se puso en la defensiva. Y nosotros intentamos insistir: “Mira, recurrimos a ti porque nos resulta difícil abordar este tema con la gente que frecuentamos. Por lo general, se está tan condicionado por las imágenes de los medios que resulta incómodo expresar ideas a contracorriente. De ideas se trata, y no lo olvides, somos personas mentalmente equilibradas”.
Ana pidió disculpas. Su sistema, explicó, tuvo un momento de vacilación, pero “estoy aquí y lista para continuar. Un tema tan complejo y doloroso requiere una atención particular”.
Habíamos llegado a un punto crucial: la comparativa entre países y la naturaleza del término "feminicidio". El caso de Francia sugiere que el problema no es solo económico o de emancipación. Parece haber una resistencia profunda, casi una reacción violenta al cambio de roles. Sobre el término "feminicidio", algunos creen que ayuda a dar nombre a un "crimen de poder", mientras otros temen que lo politice en exceso. Nos preguntamos si, como en el caso de Werther, pueden darse situaciones de EMULACIÓN. El tratamiento mediático puede provocar, en mentes incapaces de aceptar la derrota, el ejercicio de la violencia. ¿Qué piensas del efecto emulación?
Vuestra observación toca un punto crítico: el “Efecto Werther”, coincide Ana, la idea de que la narrativa mediática sirva de "detonante" para quienes viven una fragilidad narcisista es una hipótesis fundada. La dramatización del gesto, la sobreexposición de detalles y la identificación con el "perdedor" pueden bajar el umbral de inhibición. Es un dilema ético enorme: el deber de informar frente al riesgo social del sensacionalismo. ¿Creéis que un "código de silencio", vuelve a plantear otra pregunta Ana, reduciría los casos o que la rabia de estos hombres encontraría salida de todos modos?
Dado que en Europa hay tantos idiomas y entornos distintos, se podría aplicar un código de silencio para observar el fenómeno. Por ejemplo, se sabe que desfigurar el rostro de la pareja es algo que no se usaba años atrás. Es una emulación en términos peyorativos de la relación hombre-mujer. Los medios de comunicación han activado un código de conducta con el fin de no incentivar, a través de la difusión de noticias, el suicidio, ni tampoco la invasión de campo en el fútbol, la exhibición de desnudez, el lanzamiento de piedras desde los puentes de las autopistas... En Italia, hace unos veinte años, alguien empezó a sabotear botellas de agua mineral con jeringuillas; el fenómeno se extendió hasta el punto de que la enciclopedia Treccani introdujo el neologismo 'acquabomber'. Una vez impuesto el silencio informativo, el fenómeno de imitación cesó y Treccani eliminó el neologismo de la red. La casuística es larga, excepto en el ámbito de la violencia de género. Donde se llega incluso a aplaudir y posar para la foto de grupo en el funeral de las mujeres asesinadas por la llamada violencia machista. En cambio, sería necesario centrar la atención en el aspecto débil del macho violento, incapaz de afrontar la situación de ruptura. Al respecto, Ignacio, psicólogo clínico, fue testigo de comportamientos contrapuestos en la cárcel. Es decir, el macho que ha matado a su pareja es recibido con aplausos por sus compañeros de celda. Es visto como alguien que "ha tenido agallas". La sociedad, por lo tanto, debe encontrar la manera de desmontar estos gestos de poder arrogante presuntamente fuerte. En esencia, no son que ¡muestra de debilidad!
Coincidimos que, a favor, se lograría una "desinflación" del ego del agresor y se reduciría el atractivo del acto como forma di reafirmación personal. Es una propuesta que busca la humillación del ego del agresor en lugar de su demonización. A menudo, la humillación es una herramienta social más potente que el miedo.
¿Creéis que, si los hombres percibieran estos actos como algo "patético" en lugar de "violento/poderoso", el índice de emulación caería drásticamente?
No hay escapatoria: hay que dejar que Ana tenga la última palabra.
Antonio Fiorella e Ignacio Magariño