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Una vez que el mundo se concibe como información, el salto siguiente casi no necesita justificarse: si todo es información… entonces todo puede computarse.


Cuando la representación se volvió información

Shannon, cibernética y el nacimiento de una nueva ontología

Habíamos llegado hasta aquí:

El mundo pasó de vivirse a representarse. Se convirtió en objeto, modelo, ecuación.

Pero todavía —atención— esas representaciones seguían teniendo una relación íntima con aquello que representaban.

Un mapa seguía siendo mapa de algo. Un dibujo seguía siendo dibujo de algo. Una ecuación seguía describiendo algo del mundo.

El siguiente giro fue más radical.

Por primera vez en la historia, alguien formuló una idea que parecía técnica, pero que terminaría siendo ontológica:

la información no necesita significado para funcionar.

Y a partir de ahí, todo cambió.


Claude Shannon: decir “información” sin decir “mundo”

En 1948, Claude Shannon publica uno de los textos más influyentes del siglo XX:

A Mathematical Theory of Communication.

Su objetivo no era filosófico: quería resolver un problema de ingeniería.

¿Cómo transmitir señales —mensajes— de forma fiable a través de canales ruidosos?

Para pensarlo con claridad, Shannon hizo algo decisivo:

separó por completo la información del significado.

En su teoría:

  • “información” no es lo que el mensaje quiere decir
  • sino lo que el mensaje reduce de incertidumbre en un sistema.

Importa:

  • cuántos bits,
  • qué probabilidad,
  • cuánta compresión.

No importa:

  • amor, miedo, belleza, dolor, esperanza.

Todo eso, para el modelo, es irrelevante.

Y, paradójicamente, ahí reside su genialidad técnica.


El movimiento silencioso: del sentido al bit

Este fue el gesto decisivo:

lo que antes eran significados, ahora pasan a ser cantidades.

Una declaración de amor y un registro de temperatura, un poema y un parte meteorológico, un diagnóstico médico y una canción,

todos ellos pueden, en principio, ser convertidos en secuencias de bits.

Diferentes, sí. Pero —en el nivel que importa a la teoría— equivalentes.

Porque todos:

  • ocupan ancho de banda,
  • consumen energía de transmisión,
  • pueden comprimirse, cifrarse, reenviarse, replicarse.

La información se vuelve independiente del mundo.

No necesita saber qué es; solo necesita saber cuánto ocupa y cómo viaja.


Norbert Wiener: controlar el mundo como flujo de información

Casi al mismo tiempo, Norbert Wiener impulsa la cibernética.

Otra idea poderosa:

sistemas vivos y máquinas pueden describirse como circuitos de información con retroalimentación.

Un termostato, un piloto automático, un organismo vivo, un mercado financiero:

todos se vuelven variaciones de un mismo esquema:

  • entrada de datos
  • procesamiento
  • salida
  • corrección según el error

El mundo, cada vez más, empieza a verse como algo que:

  • recibe información,
  • procesa información,
  • corrige información.

Y, poco a poco, se instala una intuición nueva:

si algo puede describirse como flujo de información, entonces puede —al menos en principio— ser regulado, optimizado, controlado.

La promesa del siglo XX: menos incertidumbre, más previsión.


El deslizamiento ontológico

Nada de esto fue pensado para cambiar nuestra concepción de la realidad.

Pero lo hizo.

Sin proclamas ni manifiestos, se fue instalando una ecuación cultural:

real = informacional

Lo que no produce datos, no existe para el sistema. Lo que no deja rastro digital, se vuelve intrascendente. Lo que no se puede almacenar, medir, transmitir, desaparece.

Y empezamos a hablar de todo en el mismo idioma:

  • ADN como código
  • cerebro como procesador
  • sociedad como red
  • relaciones como datos

La metáfora dejó de ser metáfora. Se convirtió en marco de comprensión.


El paso siguiente se vuelve “natural”

Una vez que el mundo se concibe como información, el salto siguiente casi no necesita justificarse:

si todo es información… entonces todo puede computarse.

Ya no parece una apuesta arriesgada. Parece una consecuencia lógica.

Ahí se sitúan voces como Hassabis.

No es exceso personal. Es el final coherente de una cadena:

mundo → representación → información → computación.

Y aquí conviene hacer una pausa.

Porque la genialidad técnica es real. Pero también lo es el riesgo:

cuando reducimos el mundo a información, podemos olvidarnos de aquello que solo existe mientras se vive y no mientras se codifica.

Lo que viene ahora

En el próximo capítulo veremos cómo este imaginario informacional entra en contacto con la figura de Turing y la máquina universal.

Allí, la pregunta ya no será solo:

¿qué es información?

Sino:

¿qué puede hacerse con ella? ¿Qué procesos del mundo —incluida la mente— pueden simularse, ejecutarse, duplicarse?

Ahí es donde comienza, propiamente, el horizonte de lo computable.

Y el imperio se despliega.


Bibliografía

  • Claude Shannon — A Mathematical Theory of Communication (1948)
  • Norbert Wiener — Cybernetics, or Control and Communication in the Animal and the Machine
  • Luciano Floridi — The Philosophy of Information
  • Manuel Castells — La era de la información (para entender la dimensión social)


Pubblicato il 18 febbraio 2026

Juan Aís

Juan Aís / Estratega de Marca y Cultura | Antropólogo Aplicado | Interpretación Cultural de la IA

http://www.antropomedia.com/